domingo, 15 de mayo de 2016

Febrero 21 de 2016 

Hoy es mi día 9. Y aquí va una reflexión de todo mi proceso.
Inicié este nuevo estilo de vida desde hace un poco menos de dos años. Pero no fue una situación de la noche a la mañana, no. La decisión surgió luego de años de intentos e intentos, de ese querer algo diferente para mí, de ese deseo de hacer realidad mis sueños y no conformarme ni quedarme en la ventana mirando cómo se me pasaba la vida. Desde hace muchos años era consciente del como perdía el tiempo, de cómo malgastaba mis horas valiosas en cosas inocuas en vez de enfocarme en aquellas que en verdad me llenaban.  
A pesar de esa dispersión, logré graduarme. Sin embargo, sabía que no era suficiente, que si había llegado hasta ahí con tan poca disciplina llegaría mucho más lejos si lograba re-educarme. Aprender a manejar mis tiempos, darle a cada cosa su lugar. Considero que todo es más fácil si uno tiene quien le esté dirigiendo, es decir: si para estudiar idiomas te metes a un centro de idiomas, si para entrenar tu cuerpo consigues un entrenador personal, etc. Pero decidí que era mejor para mí hacerlo por mi cuenta. 
Hace dos años tenía dos grandes preocupaciones: mi sobrepeso y mi falencia en idiomas. Así que comencé a cambiar de a pocos mi alimentación e intenté enfocarme. En ese caso lo logré: pasé de 70 kilogramos a 53. No fue una tarea fácil, fueron muchos intentos, y hube de afinar lo más que pude mi disciplina. Hice tablas con la cuenta diaria de calorías que ingería y las que gastaba, me metí de lleno en eso de aprender a conocer mi cuerpo, a saber que le hacía bien y qué no. Cuales ejercicios me ayudaban y cuales no tanto. 
Luego vino lo de la segunda lengua: al año de estar completamente enfocada en lo de mi pérdida de peso y en recuperar la salud perdida, le agregué una nueva variable a la ecuación, la meta: lograr mantener mi disciplina con el entrenamiento y la alimentación y sacar el tiempo para estudiar idiomas. A los seis meses lo había logrado: tenía un nivel suficiente como para presentar un examen de clasificación y también lograba mantener mi estado físico. 
Después de esos seis meses, decidí agregarle una nueva variable: volver a mis lecturas y escritura de artículos. La lectura y la escritura también son un ejercicio y como tal había que entrenarlos. Durante seis meses volvía a leer y analizar. Quedaron planteados varios interesantes artículos.
Y desde este año he querido volver a la escritura... pero la disciplina me falla, no es falta de tiempo, es que me enredo en esas cosas que quitan tiempo y en nada aportan. Me cuesta levantarme temprano, me cuesta cerrar los vídeos de YouTube y bajarle a la lectura de las noticias... Por eso cuando me doy cuenta ya son más de las 3 pm y apenas empiezo con mis rutinas diarias debo reconsiderar las cosas por hacer y priorizar. Esto no me parece justo con uno mismo, ¿por qué debe dejar de lado las cosas que realmente le hacen bien por andar perdiendo tiempo y energías en cosas que no valen la pena?